Cuando ya se ha abandonado todo deseo de tener hijos, riquezas y poder, y no se antepone el propio interés al de la justicia, solamente entonces se puede ser virtuoso, sabio y recto.
En verdad es virtuoso, sabio y justo aquel que ni por sí mismo ni por otros hace nada malo, que no anhela hijos, riquezas o reinos, y no desea el éxito por medios injustos.

Comentario profundo

El Buda enseña que una persona verdaderamente recta no comete malas acciones por sí misma ni por los demás, como familiares o amigos. Históricamente, la gente ha cometido atrocidades para beneficio personal, ha sacrificado vidas para orar por sus herederos, ha emprendido guerras destructivas para expandir sus reinos o ha utilizado prácticas comerciales poco éticas y despiadadas para acumular riqueza. Una persona sabia se niega a construir su prosperidad sobre el sufrimiento de los demás. Al abstenerse de todas las acciones nocivas impulsadas por la codicia de poder, riqueza o deseos personales, y al mantener la integridad moral, esa persona encarna la verdadera virtud, sabiduría y rectitud.

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