Comentario profundo
Este verso fue enseñado por el Buda en el Monasterio de Bamboo Grove, en relación con un monje que, antes de ordenarse, había sido mimo. Según la historia, las circunstancias eran muy parecidas al relato resumido justo antes, con sólo una ligera diferencia en las palabras del Buda: "Monjes, ha abandonado tanto el agrado como el disgusto". El agrado y el desagrado son fuerzas opuestas que a menudo confunden la mente. Ambos son trastornos de la conciencia. El gusto se mueve en la dirección de la atracción: estimula la pasión y satisface el deseo. Es una sustancia dulce que silenciosamente puede llevarnos al sufrimiento sin que nos demos cuenta. A la gente normalmente le gusta un objeto porque se adapta a sus preferencias personales. Esto también es una forma de avaricia que surge de la mente discriminatoria y engañada. Toda preferencia parte de un hábito inicial. Cuando ese hábito se repite una y otra vez, se acumula como tendencia kármica. Utilizado día tras día, se convierte en un patrón de conducta. Una vez que la semilla del gusto ha madurado, adquiere el poder de impulsar a uno a actuar bajo sus órdenes. Desde un punto de vista relativo, los hábitos de agrado tienen dos caras: beneficiosas y perjudiciales. Los hábitos beneficiosos son patrones saludables que ayudan a uno mismo y a los demás, como recitar las Escrituras, recordar al Buda, dar y otros actos de bondad. También existen formas saludables de recreación, como el ejercicio, caminar y nadar, que son útiles para la salud. Estos buenos hábitos deben cultivarse, porque hacen la vida más brillante y gozosa. Por el contrario, los hábitos nocivos (como el juego, la adicción y la bebida) causan grandes daños a la vida. Si uno desea vivir honesta y felizmente, debe mantenerse alejado de esos hábitos nocivos. Al hacerlo, uno construye sabiamente una vida pacífica, alegre y feliz para uno mismo y su familia. Ésta es la visión relativa según la vida mundana. Pero desde el punto de vista absoluto, el Buda nos enseña a elevarnos por encima de estas dos categorías opuestas. Nos enseña a dejar de lado lo que es agradable y lo que es desagradable. Sólo dejando ir de esta manera la mente puede purificarse. Entonces estas dualidades ya no nos perturbarán. El Buda verdaderamente llama a esa persona alguien que es heroico más allá del mundo, porque las impurezas que causan el sufrimiento han llegado a su fin. En ese momento, uno se convierte en una persona de completa libertad y liberación.
Asistente IA Zen
En línea