Es preferible no actuar, antes que realizar una mala acción, porque ésta trae consigo tormentos en este mundo y en el mundo del más allá. Siempre se debe elegir hacer una buena acción, de la cual jamás dimana el pesar.
Es mejor no hacer el mal, porque las malas acciones inevitablemente traen sufrimiento. Es mejor realizar buenas obras, porque inevitablemente traen alegría y felicidad.

Comentario profundo

Este verso fue enseñado por el Buda en el monasterio de Jetavana en relación con una esposa celosa. Según la historia, un marido tenía una aventura con una sirvienta. La esposa descubrió esto y ató cruelmente a la sirvienta, le cortó las orejas y la nariz y la encerró en una habitación. Para ocultar su crimen, convenció a su marido para que fuera a escuchar el Dhamma con ella. Llegaron al monasterio y se sentaron entre la asamblea. En ese momento vinieron de visita algunos familiares de la esposa. Abrieron la puerta, presenciaron la cruel situación en la casa y liberaron al sirviente. El sirviente fue al monasterio e informó de todo al Buda y al Saṅgha. Al escuchar esto, el Buda instruyó: "Uno nunca debe cometer el mal, incluso pensando que nadie lo sabrá. Las buenas acciones deben realizarse incluso si los demás no las ven. Los actos malos, incluso si están ocultos, traen arrepentimiento después. Las buenas acciones traen alegría". Después de esto, el Buda pronunció este verso. Al final de la enseñanza, la pareja alcanzó la etapa de entrada a la Corriente. Liberaron a la sirvienta y la guiaron hacia el Dhamma. Los textos clásicos dicen: “Quienes hacen el bien son recompensados ​​por los cielos; quienes hacen el mal incurren en desgracias”. Aquí, “cielo” no se refiere a un ser divino que administra recompensa o castigo, sino a la ley natural de causa y efecto, similar a la ley budista del karma. Aquellos que actúan con bondad, misericordia y altruismo seguramente recibirán grandes bendiciones. Por el contrario, aquellos que dañan a otros o causan sufrimiento inevitablemente enfrentarán sufrimiento a cambio. El momento del resultado puede variar, pero las consecuencias de los hechos son inevitables. El Buda recordaba constantemente a la gente que evitaran crear karma negativo, ya que inevitablemente trae sufrimiento. Por el contrario, los actos diligentes de bondad hacia los demás o hacia las criaturas traen mérito y alegría. Ayudar a los demás, ofrecer una sonrisa o cuidar a los animales produce una felicidad genuina. Dañar a otros, por otro lado, causa confusión interna y arrepentimiento, similar a descender al infierno. Por lo tanto, para una vida feliz y significativa, el Buda aconseja realizar buenas obras con generosidad. La historia también ilustra el peligro de los celos incontrolados en una familia. Los celos extremos pueden tener consecuencias crueles e imprevistas, como se ve en el acto violento de la esposa contra el sirviente. Mantener la disciplina moral, especialmente abstenerse de conductas sexuales inapropiadas, es esencial para una vida familiar armoniosa y feliz.

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