¿Quién podría vituperar a aquel que es como una perfecta pieza de oro, libre de toda mácula? Los Dioses, y aún el mismo Brahmâ, lo elogian.
¿Quién puede censurar a alguien así, tan digno como una moneda de oro refinado? Hasta los dioses lo alaban; Brahma también lo alaba.

Comentario profundo

El Buda pronunció este verso en el monasterio de Jetavana en respuesta a las quejas de Atula y sus seguidores. Siguiendo la enseñanza anterior sobre la inevitabilidad de la alabanza y la censura, el Buda aquí enfatiza la pureza de un verdadero practicante. Así como el oro puro del río Jambu es irreprochable, quien cultiva la virtud, la atención plena y la resistencia de los cuatro elementos (tierra, agua, fuego y viento) alcanza un estado de carácter tan perfecto que ninguna crítica mundana puede empañarlo, ganándose el respeto tanto de los seres humanos como de los celestiales.

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