Los sabios alaban a aquel que es íntegro, de mente clara, dotado con conocimiento espiritual y pleno de virtudes.
Pero el hombre a quien los sabios alaban, después de observarlo día tras día, es uno de carácter impecable, sabio y dotado de conocimiento y virtud.

Comentario profundo

El Buda pronunció estos versos en el monasterio de Jetavana sobre un laico llamado Atula. Atula y quinientos seguidores fueron a escuchar el Dharma, pero se sintieron insatisfechos cuando el Venerable Revata permaneció en silencio, el Venerable Sariputta habló extensamente y el Venerable Ananda habló demasiado brevemente. El Buda les enseñó que la alabanza y la censura son comunes en el mundo, y que uno no debe preocuparse por las opiniones de los demás, sino más bien concentrarse en cultivar la estabilidad interior y la virtud, como la tierra, el agua, el fuego y el aire, que permanecen impasibles ante las impurezas u ofrendas que se les arrojan.

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