Los sabios alaban a aquel que es íntegro, de mente clara, dotado con conocimiento espiritual y pleno de virtudes.
Pero el hombre a quien los sabios alaban, después de observarlo día tras día, es uno de carácter impecable, sabio y dotado de conocimiento y virtud.
Comentario profundo
El Buda pronunció estos versos en el monasterio de Jetavana sobre un laico llamado Atula. Atula y quinientos seguidores fueron a escuchar el Dharma, pero se sintieron insatisfechos cuando el Venerable Revata permaneció en silencio, el Venerable Sariputta habló extensamente y el Venerable Ananda habló demasiado brevemente. El Buda les enseñó que la alabanza y la censura son comunes en el mundo, y que uno no debe preocuparse por las opiniones de los demás, sino más bien concentrarse en cultivar la estabilidad interior y la virtud, como la tierra, el agua, el fuego y el aire, que permanecen impasibles ante las impurezas u ofrendas que se les arrojan.
Este verso del Dhammapada nos enseña que la verdadera alabanza proviene de los sabios, quienes valoran la integridad, la claridad mental, el conocimiento espiritual y la virtud. No se trata de buscar la aprobación de todos, sino de cultivar cualidades internas que son intrínsecamente valiosas.
El Buda explicó que las opiniones de los demás son inconstantes. En lugar de preocuparse por la alabanza o la censura, debemos enfocarnos en desarrollar una mente estable y virtuosa, como la tierra que permanece impasible ante lo que se le arroja.
¿Qué cualidad te gustaría cultivar más profundamente en ti?
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