Comentario profundo
El Buda pronunció esta enseñanza en el monasterio de Bamboo Grove (Veluvana) sobre el grupo de seis monjes (Chabbaggiya). Un día, estos seis monjes llevaban sandalias de madera y caminaban arriba y abajo sobre una losa de piedra, haciendo ruido con sus bastones. Al escuchar el fuerte ruido, el Buda le preguntó al Venerable Ananda: "Ananda, ¿qué es ese ruido?" El Venerable Ananda respondió: "Bendito, es el grupo de seis monjes que caminan de un lado a otro con sandalias de madera". Al oír esto, el Buda enseñó: "Un monje debe controlar sus pensamientos, palabras y acciones". Luego pronunció estos versos.
A través de esta enseñanza, el Buda resalta las acciones de las tres puertas del karma: cuerpo, palabra y mente. Con frecuencia enfatiza estos tres karmas en las Escrituras porque son vitales para el cultivo espiritual. En la vida diaria, ningún acto sano o nocivo queda fuera del alcance de estas tres puertas; tanto el sufrimiento como la felicidad son forjados por ellos. Cuando surge un pensamiento saludable, como el deseo de ayudar a alguien, nuestro corazón inmediatamente se siente renovado y en paz, incluso antes de que ese pensamiento se traduzca en palabras o hechos. Por ejemplo, cuando observamos a nuestros seres queridos enredados en un sufrimiento o en un resentimiento profundamente arraigado que no pueden desenredar por sí solos, y contemplamos profundamente cómo ayudarlos, una ola de comprensión, amor y empatía brota dentro de nosotros. Ésta es la energía cálida y omnipresente de la compasión. Actuar o hablar desde este espacio crea un karma saludable e invaluable. Así como un naranjo produce naturalmente hojas, flores y frutos, cultivar las tres puertas trae alegría y paz inmediatas en el momento presente.
Por el contrario, si generamos karma nocivo a través de estas tres puertas, cosecharemos frutos amargos, que a menudo maduran aquí mismo en esta vida, de la misma manera que plantar una planta de ají produce frutos picantes y picantes. Si surge un pensamiento nocivo y nos falta atención, no lo reconocemos y en cambio nos alineamos con él, inevitablemente cosecharemos sufrimiento. Alimentar esos pensamientos conduce a fechorías físicas como robo, mala conducta o violencia. A través del habla, se manifiesta en forma de palabras duras, mentiras, engaños, calumnias y abusos, lo que provoca angustia inmediata a nuestro propio cuerpo y mente. El Buda describe esto como una falta de protección del cuerpo, la palabra y la mente: vivir descuidadamente y sin atención, lo que naturalmente resulta en una dolorosa retribución. Por otro lado, el Buda enseña que el sabio domina y transforma estas tres puertas para evitar el karma nocivo. Aplican hábilmente Preceptos (Sila), Concentración (Samadhi) y Sabiduría (Panna) para purificar sus acciones, palabras y pensamientos. Cuando se purifican los tres karmas, uno se libera del sufrimiento en esta vida y disfruta de paz y felicidad duraderas en las vidas venideras.
Asistente IA Zen
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