Del deseo nace el dolor; y también del deseo nace el temor; para aquel que se halla libre de deseos no existe el dolor, y mucho menos el temor.
Del apego surge el dolor, del apego surge el miedo. Para aquel que está completamente libre de apegos no hay dolor, ¿de dónde entonces el miedo?

Comentario profundo

Este verso fue dicho cerca de Vesali con respecto a los príncipes Licchavi. Mientras viajaban a un festival, estos príncipes, que parecían tan radiantes como seres celestiales, se encontraron con una mujer. Impulsados ​​por un intenso deseo sensual y ego, comenzaron a pelear por ella, lo que resultó en heridas graves y derramamiento de sangre. Al observar esto, el Buda enseñó a sus monjes que donde hay anhelo sensual (kama), inevitablemente hay sufrimiento, ansiedad y conflicto. Esta narrativa ilustra cómo la búsqueda de deseos transitorios anula la decencia y la moralidad humanas. El Buda distinguió entre el anhelo nocivo (taphā), que conduce al sufrimiento, y la aspiración saludable (kusala-chanda), como el deseo de servir a los demás o buscar la iluminación. Para vivir en paz y, en última instancia, alcanzar la liberación, uno debe cultivar la satisfacción, limitar los deseos nocivos y, finalmente, trascender los apegos que alimentan el ciclo del sufrimiento y el miedo.

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