Este cuerpo es como una pequeña ciudad. Los huesos forman su estructura interior, la carne, la sangre y la piel, el revestimiento externo. Sus únicos habitantes son la vejez y la muerte, el orgullo y la hipocresía.
Esta ciudad (cuerpo) está construida de huesos, revestidos de carne y sangre; dentro están la decadencia y la muerte, el orgullo y los celos.

Comentario profundo

El Buda enseñó este verso en Jeta Grove sobre la monja Janapada-Kalyani Rupananda. Antes de su ordenación, estaba inmensamente orgullosa de su exquisita belleza y, a menudo, menospreciaba a las menos atractivas. Un día, fue a escuchar la predicación de Buda. Conociendo su apego a su apariencia física, el Buda usó Sus poderes psíquicos para crear la ilusión de una mujer mucho más hermosa que ella, parada cerca. Mientras Rupananda observaba, la mujer ilusoria envejeció rápidamente (su belleza se desvaneció en arrugas y fragilidad) y finalmente murió, convirtiéndose en un cadáver en descomposición. Esta profunda visión despertó a Rupananda a la dura realidad de que su propia belleza también estaba completamente sujeta a la implacable ley de la impermanencia. Luego, el Buda pronunció este verso, comparando el cuerpo humano con una ciudad. Así como una ciudad se construye con una estructura y se cubre con yeso, el cuerpo se estructura con una estructura de huesos y se recubre con carne y sangre. Y así como una ciudad alberga a sus habitantes, el cuerpo físico alberga envejecimiento, muerte, ego, orgullo y engaño. El cuerpo es inherentemente impuro e inestable, simplemente una unión temporal de elementos. Al contemplar profundamente esta verdad, los practicantes pueden dejar de lado su vanidad, erradicar sus apegos y progresar en el camino hacia la liberación.

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