Aún los ornamentados carruajes de los reyes envejecen. También el cuerpo humano llega a la vejez. Pero la Enseñanza de los Budhas nunca envejece. Así, la Sabiduría permanece entre los Sabios y trasciende el tiempo.
Incluso los magníficos carros reales se desgastan y, de hecho, este cuerpo también se desgasta. Pero el Dhamma del Bien no envejece; así el bien lo hace saber al bien.

Comentario profundo

El Buda enseñó este verso en Jeta Grove sobre la reina Mallika, la principal consorte del rey Pasenadi. Aunque era una devota seguidora laica que apoyaba generosamente a la Sangha, una vez cometió un pecado grave y posteriormente le mintió al Rey para encubrirlo. Esta pesada culpa la llevó hasta su muerte, lo que la hizo renacer en estado de sufrimiento durante siete días antes de ascender al cielo Tusita. Lamentando su muerte, el rey Pasenadi buscó el consuelo del Buda. Cuando Buda visitó el palacio, se sentó en la cochera en lugar de en la terraza. Señalando los carros reales, explicó que incluso los carros más magníficamente decorados eventualmente envejecen y se desgastan, al igual que el cuerpo humano. No importa cuánta riqueza se gaste para embellecer la forma física, está sujeta a la ineludible ley de la impermanencia. Sin embargo, el Buda enfatizó que el "Dhamma del Bien" (la naturaleza verdadera e incondicionada y las acciones virtuosas) nunca envejece ni perece. Las cosas materiales y los cuerpos físicos se desvanecen, pero el buen karma y la realización espiritual perduran y se transmiten de sabio a sabio. Esta enseñanza le recordó al Rey que debía encontrar consuelo en el Dhamma en lugar de lamentarse por la inevitable decadencia del cuerpo físico.

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