Así como el arquero, con gran cuidado y destreza endereza una flecha, de modo similar, el sabio pacientemente endereza su mente1, la cual es vacilante, inquieta, inestable, difícil de sujetar y difícil de controlar.
Así como un flechero endereza el asta de una flecha, así el hombre perspicaz endereza su mente: tan voluble e inestable, tan difícil de guardar y controlar.

Comentario profundo

Para un practicante que todavía es una persona común (que aún no ha alcanzado el estado de Arahant), nadie puede confiar completamente en su propia mente. ¿Por qué? Porque es una mente engañada, en constante cambio e inquieta. Se agarra a objetos externos durante todo el día, saltando como un mono de árbol en árbol o corriendo salvajemente como un caballo en el campo. Los eruditos de Yogacara llaman a esto "la mente del mono y la voluntad del caballo". Los maestros zen lo comparan con un buey salvaje, muy difícil de domar. Para domesticarlo, primero hay que reconocer su rostro. ¿Cómo puedes domesticar lo que no conoces? El Zen llama a esto "pastorear el buey". Para pastorearlo hay que saber qué es el buey y qué aspecto tiene. El buey representa pensamientos errantes. Debido a que están divagando, la mente siempre está agitada e inquieta, cambiando de manera impredecible, lo que hace que sea difícil de controlar. Por eso, en el versículo 33, el Buda dice que la mente de una persona común y corriente es "voluble e inestable, muy difícil de guardar y controlar". Por el contrario, los sabios (aquellos que han alcanzado un nivel de despertar) dominan sus mentes y las enderezan fácilmente, "como un flechero endereza una flecha". Debido a que están despiertos, sus pensamientos burdos y errantes desaparecen y dominan fácilmente sus mentes. Sin pensamientos errantes que los agiten, el sol de su atención brilla constantemente, manteniendo sus mentes rectas y verdaderas. Sólo entonces podrán confiar verdaderamente en sus propias mentes.

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