Pero quien se halla libre de este terrible mal de la envidia, habiéndolo extirpado de raíz, gozará de paz, de día y de noche.
Pero aquel en quien este (descontento) está completamente destruido, desarraigado y extinguido, alcanza la absorción, tanto de día como de noche.

Comentario profundo

Continuando con el verso anterior, el Buda enfatiza la antítesis de la envidia: la liberación de la mente de los celos y el descontento. Mientras el individuo envidioso permanece agitado por los éxitos y las ofrendas recibidas de los demás, el practicante que ha "desarraigado" estas impurezas encuentra una paz profunda. Cuando las espinas de la envidia, el ego y la comparación se extraen y extinguen por completo, la mente se vuelve naturalmente receptiva a la absorción meditativa (samadhi). Este estado de tranquilidad no se limita a horas concretas sino que se mantiene estable tanto de día como de noche. La enseñanza del Buda aquí sirve como antídoto a la tendencia humana común a medir el propio valor frente a los demás; Al destruir las raíces de los celos, el practicante cultiva una "alegría simpática" (mudita) que permite a la mente descansar en quietud, sin ser perturbada por el flujo externo de ganancia o pérdida.

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