Cada persona da a los otros según sea su propia fe y su naturaleza. Aquel que envidia a los demás, jamás tendrá paz, ni de día ni de noche.
La gente da según su fe o consideración. Si uno está descontento con la comida y bebida que le dan los demás, no logra la absorción meditativa, ni de día ni de noche.

Comentario profundo

El Buda pronunció este verso en el monasterio de Jetavana sobre un monje novicio llamado Tissa. Tissa había desarrollado el vicio habitual de criticar las limosnas y ofrendas dadas por los laicos al Buda y a la comunidad monástica. Se quejaba de la calidad de la comida y la contrastaba con lo que consideraba mejor, mientras al mismo tiempo se jactaba de su noble origen, una invención, ya que en realidad era hijo de un portero. Cuando los monjes descubrieron la verdad de su origen y le contaron su comportamiento al Buda, el Buda explicó que Tissa también había sido propenso a tal vanidad y deshonestidad en sus vidas pasadas. El Buda advirtió que quien alberga envidia o descontento con respecto a las ofrendas dadas a los demás carece de la pureza mental necesaria para alcanzar la absorción meditativa (samadhi). Este verso sirve como una lección crucial sobre la 'mudita' (alegría comprensiva). En lugar de albergar envidia por la buena fortuna o las ofrendas recibidas por los demás, un practicante debe cultivar un corazón que se regocije por las acciones virtuosas de los demás. Al hacerlo, renuncian al veneno egoísta de los celos y obtienen el mismo mérito que el donante a través de la pureza de sus propias intenciones.

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