Aquellos sabios que no hieren a las otras criaturas, y que tienen cuerpo y mente controlados, se encaminan hacia el estado de la Inmortalidad, donde no existe ya el sufrimiento ni el dolor.
Aquellos sabios que son inofensivos y siempre restringidos en su cuerpo, van al Estado Inmortal, donde, una vez ido, ya no se afligen más.

Comentario profundo

Este verso fue pronunciado mientras el Buda residía en Anjanavana, cerca de Sāketa, impulsado por las preguntas de los monjes. Una pareja de brahmanes, que habían conocido al Buda como su hijo en muchas vidas pasadas, le dieron una calurosa bienvenida, causando confusión entre los monjes que presenciaron su familiar discurso. El Buda explicó su profunda conexión kármica. A través de sus enseñanzas, la pareja de ancianos obtuvo el fruto de Anāgāmi y, más tarde, el pleno Arahantship. Al observar la incomodidad de los monjes con el trato informal utilizado por la pareja, el Buda enseñó que aquellos que permanecen desapegados del ego y de los títulos, y que practican la moderación del cuerpo y la mente, trascienden los conflictos triviales del mundo y alcanzan la paz del Nirvāna.

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