Del placer nace el dolor 1; y también del placer nace el temor 2; para aquel que no 1 El dolor que nace de perder aquello que causa placer. 2 El temor a perder aquello que causa placer. se regocija en el placer no existe el dolor, y mucho menos el temor.
Por lo tanto, no apreciéis nada, porque la separación de lo querido es dolorosa. No hay ataduras para aquellos que no tienen nada amado o no amado.

Comentario profundo

Este verso se enseñó en Jetavana sobre un padre afligido que había perdido a su único hijo. El hombre estaba inconsolable y visitaba con frecuencia el lugar de la cremación para llorar. El Buda lo visitó y le brindó consuelo, no ofreciéndole falsas esperanzas, sino revelándole la naturaleza de la impermanencia. Ilustró que la muerte es una transición natural, como una serpiente que muda su piel, y que el duelo por lo inevitable es producto de un apego profundamente arraigado. Al comprender esto, el dolor del hombre se desvaneció y obtuvo fruto espiritual. El Buda enseña que el miedo y la tristeza nacen del "afecto" o del "apego" (hỷ ái). Cuando nos identificamos con las formas temporales de nuestros seres queridos, sufrimos su partida. La verdadera liberación proviene de darse cuenta de que la muerte es simplemente un cambio de estado dentro del ciclo del surgimiento dependiente, que permite a uno vivir libre de la ansiedad de la pérdida.

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