Ni siquiera una lluvia de monedas de oro puede calmar la sed de placeres sensuales. Poca es la dicha, y mucho el dolor que dimana de los placeres de los sentidos. Sabiendo esto, el sabio no halla deleite ni aun en los gozos celestiales. Los discípulos de los Budhas se deleitan tan sólo en la destrucción de sus apegos.
No hay satisfacción para los deseos sensuales, ni siquiera con una lluvia de monedas de oro. Porque los placeres sensuales dan poca satisfacción y mucho dolor. Habiendo comprendido esto, el sabio no encuentra deleite ni siquiera en los placeres celestiales. El discípulo del Buda Supremo se deleita en la destrucción del deseo.

Comentario profundo

Este verso se enseñó en el monasterio de Jetavana sobre un monje que quedó insatisfecho con la vida monástica. Después de que su padre falleciera, dejándole una pequeña suma de dinero, el monje consideró regresar a la vida laica, creyendo erróneamente que esta riqueza podría asegurar su felicidad. El Buda utilizó este incidente para ilustrar la naturaleza insaciable de la codicia. Explicó que ni siquiera los grandes gobernantes del pasado, que poseían inmensas riquezas, pudieron encontrar la verdadera realización. La historia destaca el peligroso atractivo de las ganancias materiales y el poder del apego. Ya sea monástico o laico, la tarea principal del practicante es la erradicación de la codicia, el odio y el engaño. Si una pequeña cantidad de dinero puede perturbar la práctica de un monje, ¿cuánto más vulnerable es uno a las innumerables tentaciones del mundo moderno? La verdadera felicidad no se encuentra en la satisfacción de los deseos materiales (como lo demuestran muchos monarcas, incluido el propio Buda, que abandonaron los reinos para buscar la iluminación), sino más bien en la transformación sistemática de la ignorancia y el cese del anhelo.

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