Comentario profundo
El Buda pronunció este verso en el Monasterio de Veluvana sobre el Príncipe Abhaya. Tras una victoria militar, el Príncipe quedó cautivado por una bella bailarina en palacio. Cuando de repente ella enfermó y murió, el Príncipe se sintió abrumado por el dolor. El Buda lo consoló explicándole la naturaleza del samsara: no era la primera vez que ella moría, ni la primera vez que él la lloraba. El Buda enseñó que el apego a los placeres mundanos es un rasgo de los tontos, que quedan atrapados en un ciclo de sufrimiento, codicia y engaño. Para los sabios, sin embargo, el mundo, por grandioso u ornamentado que sea, es reconocido como una ilusión, temporal y fugaz como un sueño. Al ver más allá de la vanidad de la existencia material, los sabios permanecen desapegados y encuentran libertad y paz en medio del mundo sin ser esclavizados por él.
Asistente IA Zen
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