No es la desnudez, ni los cabellos enmarañados, ni el abandono, ni el prolongado ayuno, ni la costumbre de dormir sobre el suelo, ni cubrirse el cuerpo con polvo y cenizas, ni permanecer largo tiempo arrodillado 1, lo que purifica al hombre que no ha logrado triunfar sobre sus pasiones.
Ni andar desnudo, ni los cabellos enmarañados, ni la inmundicia, ni el ayuno, ni tumbarse en el suelo, ni untarse con cenizas y polvo, ni sentarse sobre los talones (en penitencia) pueden purificar a un mortal que no ha vencido la duda.

Comentario profundo

El Buda enseñó este verso en Jeta Grove sobre el ministro Santati. Santati, recompensado con siete días de gobierno del rey Pasenadi, pasó ese tiempo en total indulgencia. Cuando su bailarín favorito murió repentinamente, se sintió abrumado por el dolor y fue donde Buda. Al escuchar el Dharma, se dio cuenta de la impermanencia de la vida, instantáneamente alcanzó el estado de Arahant y pronto falleció. Aunque otros monjes dudaban de cómo un juerguista podía alcanzar la iluminación, el Buda explicó que su karma pasado estaba maduro. Esta historia ilustra que los placeres mundanos inevitablemente albergan sufrimiento. La impermanencia es la naturaleza de la existencia. Sin embargo, el dolor extremo a veces puede provocar un despertar profundo, convirtiendo el desastre en una bendición. El Buda enfatiza que un verdadero practicante debe observar y controlar la mente con diligencia. Como han enseñado grandes maestros Zen, "Reflexionar sobre uno mismo es el deber fundamental; no se puede obtener de los demás" y "La verdadera visión es ver los propios defectos, no los de los demás". Ya sea ordenado o laico, cualquiera que purifique sinceramente su mente, evite dañar a los demás y cultive la compasión puede alcanzar la liberación.

🌿

Asistente IA Zen

En línea

Bienvenido. Soy su compañero Zen IA, para ayudarle a reflexionar sobre el Versículo 141. ¿Tiene alguna pregunta o desea profundizar en su significado?