Luego de la muerte, algunos hombres vuelven a nacer en este mundo. Otros, si han actuado mal, van a los planos inferiores de existencia, y otros, si han actuado bien, irán al cielo. Pero los que se hallan libres de todo deseo, ingresan en el Nirvana.
Algunos nacen en el útero; los malvados nacen en el infierno; los devotos van al cielo; lo inoxidable pasa al Nibbana.

Comentario profundo

Biológicamente, los seres humanos se forman de manera similar en el útero. Sin embargo, el Buda enfatizó que nuestra existencia actual surge de causas kármicas pasadas. Si bien la gestación física es la misma, una vez que nacen en entornos diferentes, las personas desarrollan hábitos y acciones diferentes. Como han enseñado los antiguos maestros, nuestros cuerpos están sujetos al karma y formados por una combinación de condiciones. El cuerpo actual es el resultado de acciones pasadas. En esta vida, la gente crea nuevo karma. Impulsados ​​por la codicia, la ira y el engaño, los malvados cometen malas acciones y caen al infierno, mientras que los virtuosos cultivan la bondad y nacen en los reinos celestiales. Ésta es la inevitable ley de causa y efecto. Para acabar con el sufrimiento, el Buda aconsejó cultivar acciones saludables. Prácticas como los Cinco Preceptos y los Diez Caminos Saludables traen felicidad en los reinos humano y celestial, aunque todavía se encuentran dentro del ciclo de renacimiento (Samsara). Por el contrario, el Nirvana por sí solo erradica por completo el sufrimiento del nacimiento y la muerte. A través de la práctica diligente, un Arhat elimina todas las impurezas y alcanza la liberación suprema del Nirvana.

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