El que hace daño a una persona inocente, a un hombre puro y bondadoso, verá cómo ese mal se vuelve contra él, del mismo modo que regresa un fino polvo lanzado en contra del viento.
Como polvo fino lanzado contra el viento, el mal vuelve a caer sobre aquel necio que ofende a un hombre inofensivo, puro e inocente.

Comentario profundo

Este versículo resalta la naturaleza destructiva de la envidia. Las personas envidiosas, esclavizadas por sus propios egos, constantemente menosprecian y acusan falsamente a los demás para elevarse. El Buda advierte que intentar dañar a una persona pura e inocente es una tontería y un acto autodestructivo. En el Sutra de los cuarenta y dos capítulos, el Buda enseña que si una persona maliciosa intenta arruinar las acciones de una persona virtuosa, ésta debe ser paciente y no tomar represalias con ira. Responder a la malicia con malicia sólo trae sufrimiento mutuo. Los sabios utilizan la tolerancia y la sabiduría para difundir el odio. El Sutra relata un incidente en el que un individuo envidioso insultó duramente al Buda. El Buda permaneció completamente tranquilo y luego le preguntó al hombre: 'Si ofreces un regalo a alguien y él lo rechaza, ¿a quién pertenece el regalo?' El hombre respondió: "Me pertenece". Entonces el Buda dijo: 'Me has insultado, pero no lo acepto. La hostilidad permanece contigo, así como un eco sigue a un sonido y una sombra sigue a una forma.' Un antiguo proverbio se hace eco de esto: "El que escupe sangre a otro, primero se ensucia la boca". Albergar intenciones maliciosas hacia una persona pura es como arrojar polvo al viento o escupir al cielo; el daño inevitablemente recae sobre el malhechor.

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