Permítele que te aconseje, que te instruya y también que te impida cometer malas acciones. Alguien tal será amado por los buenos pero aborrecido por los malos.
Que amoneste, instruya y proteja del mal; él, en verdad, es querido por los buenos y detestable por los malos.

Comentario profundo

En este verso, el Buda destaca una aflicción psicológica común de los seres sintientes. Aconsejar o amonestar a otros surge de una mente sana. Naturalmente, tales acciones resuenan en las personas virtuosas, porque las buenas personas quieren que todos sean éticos y virtuosos como ellos. Por el contrario, esto a menudo genera resentimiento y celos en personas nocivas, que prefieren compañeros que compartan sus rasgos negativos. Las personas buenas frecuentemente son el objetivo de los malvados. Sin embargo, debemos recordar que una persona malvada que intenta dañar a una virtuosa es como escupir al cielo; el escupitajo no llega al cielo sino que cae sobre su propia cara. También es como tirar polvo contra el viento; el polvo sólo regresa al lanzador. Los individuos morales no pueden armonizar genuinamente con los inmorales. Los amigos virtuosos son raros, mientras que los compañeros nocivos se encuentran fácilmente. Relacionarse con buenos amigos brinda tranquilidad, pero los malvados rara vez nos dejan en paz. Motivados por los celos, pueden utilizar cualquier medio, incluso la división y la calumnia, para romper una buena amistad. Como las personas virtuosas suelen ser amables, fácilmente pueden ser víctimas de este tipo de esquemas divisivos. A la hora de aconsejar a un amigo debemos ejercer habilidad y tacto, ya que la persona a la que se corrige puede sentirse cohibida o ponerse a la defensiva. Nuestro cuidado al usar palabras amables no es por temor a los malvados, sino por sabiduría. Debemos salvaguardar nuestra mente con más cuidado que el que nos protegeríamos de una serpiente venenosa. Si una serpiente venenosa nos muerde, sólo acaba con esta vida física. Pero si no practicamos la paciencia contra la malicia de los malvados y reaccionamos con ira, creamos un karma nocivo que nos lleva al sufrimiento tanto en esta vida como en muchas existencias futuras. Por lo tanto, este versículo contrasta dos tipos de personas: los virtuosos, que se regocijan cuando alguien es alejado del mal, y los malvados, que traman el daño a sus espaldas. Los malvados pueden ser muy engañosos, mostrando una sonrisa amistosa por fuera mientras albergan malicia por dentro. Pueden actuar de manera extremadamente educada y encantadora, acercándose a alguien precisamente para explotarlo o dañarlo. En resumen, esta enseñanza se aplica tanto a los monjes como a los practicantes laicos, y nos advierte que comprendamos la psicología humana y que seamos conscientes de nuestras asociaciones y de la forma en que ofrecemos consejos.

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