“Estos son mis hijos, éstas son mis riquezas”; tales son las palabras que continuamente pronuncia el necio. En verdad, ni siquiera él mismo se pertenece, ¡y en su ignorancia cree que son suyos sus hijos y sus riquezas!
El tonto se preocupa pensando: "Tengo hijos, tengo riqueza". En efecto, cuando él mismo no es suyo, ¿de dónde vienen los hijos, de dónde la riqueza?

Comentario profundo

La causa fundamental del sufrimiento humano es el apego a la ilusión del yo (ego). Los tontos constantemente se agotan aferrándose a las cosas externas, proclamando ansiosamente: "Estos son mis hijos, ésta es mi riqueza". No se dan cuenta de que incluso este cuerpo y esta mente son impermanentes, están condicionados y no son verdaderamente suyos. Como se destaca en el cultivo de la mente budista clásico, las circunstancias externas no nos atan inherentemente; más bien, nos atamos a través de nuestros propios apegos e impurezas internas. La verdadera liberación proviene de dirigir la luz hacia adentro para despejar las nubes de la ignorancia, dejando que nuestra sabiduría inherente brille.

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