Los míseros y mezquinos jamás llegarán a los mundos elevados. Ellos critican la generosidad. El sabio, en cambio, se regocija dando. Él alcanzará la felicidad en esta tierra y en los mundos superiores.
En verdad, los avaros no van a los reinos celestiales; Tampoco los tontos alaban la generosidad. Pero el sabio se alegra de dar, y sólo con eso se vuelve feliz en el futuro.

Comentario profundo

Esta historia ocurrió en el Monasterio Jetavana con respecto a la ofrenda suprema. El rey Pasenadi invitó una vez al Buda y a la Sangha a comer. Para superar las ofrendas de sus súbditos, el rey organizó elaboradas demostraciones de devoción y finalmente organizó una ofrenda masiva de valor multimillonario. Entre sus ministros, Kāla estaba resentido por el gasto, mientras Junha estaba lleno de alegría. Al observar la tacañería de Kāla, el Buda se abstuvo de alabar la ofrenda real, sabiendo que tal alabanza causaría a Kāla unos celos y una ira tan intensos que podría perecer. En cambio, el Buda pronunció un sencillo verso sobre los peligros de la codicia y el mérito de regocijarse en las virtudes de los demás. La historia enfatiza que la calidad de una ofrenda reside en la pureza del corazón, no en la cantidad de riqueza material, y que un corazón avaro conduce al sufrimiento futuro, mientras que un corazón de alegría compasiva (mudita) conduce a la felicidad.

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