En todo momento y lugar practica la rectitud. No seas negligente en ello. El que no se aparta de la verdad en el decir y en el obrar vive rodeado de felicidad, tanto en este mundo como en el mundo del más allá.
Lleva una vida recta; No lleves una vida vil. Los justos viven felices tanto en este mundo como en el próximo.

Comentario profundo

El Buda pronunció este verso en Banyan Grove en referencia a su padre, el rey Suddhodana. Cuando el Buda regresó a Kapilavastu por primera vez después de su iluminación, fue a pedir limosna como era costumbre. Sintiéndose avergonzado, el rey preguntó por qué deshonraba a su familia mendigando cuando era príncipe. El Buda respondió que ésta era la antigua tradición de todos los Budas y recitó este verso. La vida monástica durante la época de Buda era de absoluta simplicidad y desapego. Los monjes vagaban sin hogares ni riqueza personal, lo que les proporcionaba una paz profunda y una felicidad verdadera. Por el contrario, los practicantes espirituales modernos a veces se sobreadaptan a la era actual, perdiendo su fundamento moral y enredándose en la riqueza material y las ansiedades mundanas. Este versículo es un recordatorio tanto para los monjes como para los laicos. Una vida descuidada e inmoral conduce a un sufrimiento inmenso. Si observamos la sociedad actual, plagada de criminalidad y destrucción ambiental, la humanidad está en el camino de la autodestrucción. Al practicar genuinamente el Dharma (abandonar el mal, cultivar el bien y servir a la sociedad), nos salvamos y aseguramos una felicidad duradera en este mundo y en el próximo.

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