Si tu mente se ha vuelto silenciosa como un gong quebrado, entonces, habrás alcanzado el Nirvana. Cuando eso suceda ya no habrá cólera en tu interior.
Si, como un gong roto, te silencias, te has acercado al Nibbana, porque la venganza ya no está en ti.
Comentario profundo
Continuando con la lección sobre el monje Kundadhana, el Buda enfatizó la virtud de la paciencia y la no reactividad. En la vida siempre habrá quienes nos difamen o nos hagan daño por celos o por poder. Tomar represalias sólo alimenta un ciclo interminable de sufrimiento e ira. Los conflictos a menudo surgen de puntos de vista estrechos y subjetivos, muy parecidos a la parábola de los ciegos y el elefante, o la historia zen de dos monjes discutiendo si la bandera o el viento se movía, cuando en realidad eran sus mentes las que se movían. El Buda nos aconseja ser como un gong roto: permanecer en silencio y no ser provocados por insultos. Al hacerlo, extinguimos los fuegos del conflicto y experimentamos la paz del Nibbana en el momento presente.
Este verso nos invita a cultivar la paciencia y la no-reactividad. Como un gong roto que ya no resuena, nuestra mente puede volverse silenciosa e impasible ante los insultos o el daño. Al no tomar represalias, rompemos el ciclo de sufrimiento y enojo.
El Buda nos enseña que al silenciar nuestra mente y no dejarnos provocar, extinguimos los fuegos del conflicto. Esta quietud nos acerca al Nibbana, la paz que se experimenta en el momento presente, libre de la cólera y la venganza.
¿Cómo puedes practicar ser como un gong roto en tu vida diaria?
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